Durante años, una de las formas más llamativas de ganar dinero por internet ha sido compartir enlaces. Suena casi mágico: copias un enlace, lo publicas por ahí y si alguien hace clic, tú cobras. Pero no es oro todo lo que reluce. En esta jungla de acortadores, redirecciones y «trucos» para monetizar clics, hay una técnica que destaca por su aparente rentabilidad y por lo fácil que parece implementarla: el content locking.
Para quien no haya oído hablar de ello, el content locking consiste en ofrecer un contenido gratuito a cambio de que el visitante realice una acción determinada. Puede ser rellenar una encuesta, descargarse una app, suscribirse a algo, o incluso ver un vídeo. Solo después de hacer esa acción, el usuario accede al contenido que tú has bloqueado. De ahí el nombre. Tú eliges qué bloqueas: un archivo, un enlace, una clave o incluso una parte de tu web. Y cuando alguien completa la acción, tú te llevas una comisión. Así de simple. O no tanto.
La promesa suena irresistible: monetizas contenido sin necesidad de vender nada. No necesitas tener un producto, ni una web súper optimizada, ni siquiera seguidores. Solo una buena oferta, una excusa atractiva para que la gente quiera acceder a lo que tienes bloqueado, y una buena estrategia de difusión. Muchos lo han usado para compartir archivos populares, guías, programas, cracks, claves de videojuegos o métodos “secretos” para ganar dinero online. Y si lo piensas bien, por cada usuario que completa una acción puedes ganar entre 0,20€ y 3€, dependiendo del país y la campaña.
Pero ahora viene la parte no tan bonita del asunto. Primero, muchas de las ofertas que aparecen en estas plataformas no son muy limpias. Algunas pueden rozar el spam, otras directamente ser publicidad engañosa. Aunque tú no controles lo que ve el usuario, si estás facilitando el acceso a ellas, en cierto modo eres responsable. Y eso tiene sus consecuencias: perder la confianza de quien te sigue, o peor, meterte en problemas si promueves algo fraudulento sin saberlo.
Segundo, la tasa de conversión no es tan alta como se vende. Sí, puedes tener mil clics en un enlace, pero si nadie quiere tragarse la encuesta o bajarse la app de turno, no cobras nada. Muchos usuarios abandonan la página cuando ven el bloqueo. Otros intentan esquivarlo. Y los más experimentados ya saben que lo que hay detrás rara vez vale la pena.
Además, muchas de estas plataformas tienen sistemas bastante estrictos. Si detectan tráfico no válido o sospechoso, pueden anularte las ganancias. Y lo hacen sin pestañear. Lo que significa que puedes pasar horas promocionando un enlace para luego descubrir que no te van a pagar nada.
Entonces, ¿merece la pena el content locking? La respuesta depende de tu enfoque. Si buscas una forma rápida de monetizar contenido viral o tráfico puntual y no te importa moverte en la línea gris de la monetización, puede darte resultados. Si tienes una comunidad, una marca o simplemente quieres construir algo sólido y con futuro, seguramente haya métodos mejores, más honestos y más rentables a largo plazo.
La clave está en entender bien la herramienta, ser transparente y no engañar a nadie. Puedes, por ejemplo, bloquear contenido propio que realmente sea útil y explicarlo con claridad. “Este PDF gratuito está bloqueado, pero puedes acceder si completas esta acción. Así me ayudas a mantener el blog”. Ese enfoque, directo y sin trampa, puede funcionar mejor que los cebos misteriosos que prometen el oro y el moro.
En definitiva, ganar dinero compartiendo enlaces es posible, pero no es tan sencillo como parece. El content locking puede ser una herramienta interesante si se usa con cabeza y sin prometer lo que no se puede cumplir. No es magia. Es estrategia, creatividad y mucha paciencia.

